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Necesitamos una perspectiva de género más sólida en la transformación de los sistemas alimentarios

Durante décadas, la igualdad de género y la inclusión han sido asuntos centrales dentro de los debates y puntos de acción en las políticas y prácticas de desarrollo; lograr los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) requiere abordar los problemas de desigualdad de género y promover el empoderamiento de las mujeres. Recientemente, las organizaciones han pedido cada vez más que se reconozca la importancia de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres para mejorar los sistemas alimentarios. Si bien existe un acuerdo generalizado en torno a la importancia de la igualdad de género en los sistemas alimentarios, sigue faltando una perspectiva de género sólida en los esfuerzos que buscan mejorar los sistemas alimentarios locales.

La dualidad de género en los sistemas alimentarios

De acuerdo con un reporte de CARE publicado en el 2020 el 46% de los 73 informes globales que ofrecieron posibles soluciones al hambre durante la pandemia de COVID-19 ‘ no se refieren en absoluto a mujeres y niñas, y solo cinco (menos del 7%) ‘ proponen acciones concretas para resolver el problema de género desigualdades que paralizan los sistemas alimentarios’. Muchas respuestas a la COVID-19, tanto en políticas como en análisis, no tienen en cuenta cómo interactúa el género con las medidas implementadas y sus implicaciones para la seguridad alimentaria.

“Las mujeres son vulnerables en todas las dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad”

Oxfam (2019)

ONU Mujeres estima que las mujeres y las niñas constituyen el 60% de la población de personas con hambre crónica en el mundo. Este número es aún mayor en los países de ingresos bajos y medianos donde las mujeres y las niñas experimentan mayor marginación. “Las mujeres son vulnerables en todas las dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad”, según Oxfam (2019). Estas circunstancias requieren aplicar una persistente perspectiva de género en los discursos del sistema alimentario. 

Las mujeres juegan un papel crucial en la seguridad alimentaria, tanto como productoras de alimentos como principales cuidadoras del hogar; según datos del Banco Mundial, las mujeres de los países en desarrollo producen entre el 60% y el 80% de los alimentos del hogar. El papel de las mujeres en la producción de alimentos varía desde productoras directas por cuenta propia, trabajadoras asalariadas, hasta trabajo no remunerado en granjas familiares.

Un cúmulo de obstáculos

Se considera que el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 3: Promover la igualdad de género y empoderar a las mujeres, que definió los esfuerzos para abordar la desigualdad de género en la década de 2000 y principios de la última, ha progresado poco. Además, la literatura indica que esta agenda de los ODM se centró estrechamente en el acceso a la educación, en términos numéricos, dejando de lado temas críticos como la discriminación económica, la violencia de género, la salud reproductiva y el acceso a recursos esenciales, como el agua asequible.

Paradójicamente, a pesar de que las mujeres son las principales cuidadoras y proveedoras de alimentos para sus hogares, «con demasiada frecuencia son las últimas y las que menos comen».

Actualmente, se han logrado avances notables a través del quinto objetivo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, los desafíos de la desigualdad de género persisten incluso en las economías avanzadas. Entre otros, las leyes y normas sociales discriminatorias, la subrepresentación política, la violencia física y sexual basada en el género siguen siendo visibles.

Alimento Para Todos articula intervenciones de alivio alimentario tomando en cuenta la intersección del género y la inseguridad alimentaria.

Las diferencias de género dan forma a la dinámica alimentaria no solo a nivel global y comunitario, sino también en cada hogar. Las mujeres de todo el mundo realizan una cantidad desproporcionada de trabajo reproductivo además de su trabajo productivo, casi dos veces y media más que los hombres. Esto incluye el cuidado de los niños y miembros de la familia, la limpieza, la recolección de alimentos, la recolección de agua y leña, la preparación de alimentos y la alimentación de la familia. Paradójicamente, a pesar de que las mujeres son las principales cuidadoras y proveedoras de alimentos para sus hogares, «con demasiada frecuencia son las últimas y las que menos comen».

¿Hacia dónde ir?

Alimento Para Todos reconoce que es hora de incorporar estructuralmente una fuerte perspectiva de género en los sistemas alimentarios para garantizar que las soluciones de seguridad alimentaria beneficien a todos, especialmente en términos de acceso y utilización. Para la Institución, desde hace tiempo ha sido claro que es necesario ir más allá de una narrativa instrumental en los debates sobre seguridad alimentaria para desmantelar las causas subyacentes que afectan a las poblaciones vulnerables a la inseguridad alimentaria.

Alimento Para Todos promueve y fortalece activamente la participación de las mujeres en la toma de decisiones dentro de soluciones de seguridad alimentaria, más allá de la participación instrumental

Abordar las barreras de género y la vulnerabilidad que enfrentan las mujeres en la búsqueda de medios de subsistencia es fundamental para establecer sistemas alimentarios sostenibles y resilientes. En este sentido, Alimento Para Todos promueve y fortalece activamente la participación de las mujeres en la toma de decisiones dentro de soluciones de seguridad alimentaria, más allá de la participación instrumental.

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es especialmente relevante recalcar que las preocupaciones y necesidades de las mujeres no solo deberían guiar el desarrollo de soluciones de seguridad alimentaria, sino también sus conocimientos y prácticas. Desde Alimento Para Todos se aboga porque las soluciones de seguridad alimentaria tomen en cuenta la experiencia dual de las mujeres en materia de seguridad alimentaria: su experiencia como productoras de alimentos y su experiencia como proveedoras de alimentos del hogar. Además, estas soluciones deben tener en cuenta la variedad de experiencias y necesidades de las mujeres. Emprender el camino hacia la erradicación de las barreras de género y discriminación también nos acerca más a un futuro sin hambre.

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