Comprender las etiquetas para evitar el desperdicio

Muchos conocemos la rutina: cada tanto tiempo revisamos el refrigerador, leemos las etiquetas de los productos ahí dentro y nos deshacemos de todo lo que tenga un mes, una semana o hasta vez unos días después de la fecha en la etiqueta. Este hábito está tan arraigado que cuando pensamos en comer alimentos que ya pasaron su fecha de caducidad, algunos de nosotros pueden incluso a llegar a sentir un poco de repulsión.

Aunque la mayoría de nosotros hemos escuchado, hasta cierto punto, que tirar la comida probablemente está mal, las estadísticas son condenatorias; cerca del 38% de los alimentos producidos en México termina en los basureros o se desperdicia de otra manera. Dicho de otra manera: 42,000 toneladas de alimentos aptos para consumo humano cada minuto terminan en la basura.

Todo eso se acumula y representa una gran pérdida económica para los productores y minoristas de alimentos, que frecuentemente deben deshacerse de alimentos con formas extrañas o productos con exceso de existencias que no se vendieron. El impacto del desperdicio también es medioambiental, pues todos los recursos como el agua y el suelo que se destinan a la producción de comida contribuyen al desgaste de nuestros ecosistemas, al mismo tiempo que las actividades productivas y la descomposición de desperdicios orgánicos involucran la emisión de gases invernadero.

Una gran parte del problema es que la mayoría de nosotros no creemos que seamos capaces de determinar si un alimento está en buenas condiciones para consumirlo.

Además, en el mismo país que desperdicia tanta comida, cerca de 28 millones de personas están viviendo con inseguridad alimentaria y hambre, según el último informe del CONEVAL. Sin embargo, las regulaciones a menudo dificultan la donación de alimentos vencidos a bancos de alimentos y otros servicios.

En este contexto, es necesario conocer el etiquetado de nuestra comida más a fondo para evitar continuar innecesariamente a esta problemática. Las fechas de «caducidad», que rara vez corresponden a alimentos que caducan o se echan a perder, son en su mayoría bien intencionadas, pero aleatorias y confusas. Dicho de otra manera, no son fechas de expiración en absoluto. Y el malentendido del público en general sobre ellos es un elemento que incide en cada uno de los factores mencionados anteriormente: desperdicio de alimentos, desperdicio de ingresos, desperdicio de ingresos familiares e inseguridad alimentaria.

Si has estado tirando alimentos de acuerdo a la etiqueta de frescura, no estás solo, es una práctica generalizada. La chef, periodista y escritora de libros de cocina Tamar Adler, autora de An Everlasting Meal: Cooking with Economy and Grace, explica: “En ausencia de información culinaria, las personas asumen que cualquier información que les hayan dado debe ser la información más importante”. Una gran parte del problema es que la mayoría de nosotros no creemos que seamos capaces de determinar si un alimento está en buenas condiciones para consumirlo.

Necesitamos comenzar a confiar en nuestros sentidos para que nos digan si los productos son comestibles. Necesitamos pedir etiquetas más claras, abogar por una mejor legislación y hablar entre nosotros sobre lo que realmente significan las etiquetas.

El problema es más grande que los consumidores individuales. Algunas jurisdicciones prohíben que las tiendas de alimentos donen o vendan productos después de la fecha en el empaque a bancos de alimentos y otros servicios diseñados para ayudar a quienes viven con inseguridad alimentaria. El pensamiento es razonable, incluso altruista: ¿Por qué daríamos comida en malas condiciones a quienes viven en pobreza? Si nosotros no comeríamos alimentos «vencidos», ¿por qué se los daríamos a otros? Los distribuidores temen las amenazas legales si alguien come alimentos vencidos y se enferma (algo que rara vez ha sucedido, pero sigue representando una amenaza de peso para los comerciantes).

En muchos lugares, si un comerciante no ha conseguido vender toda la leche antes de la fecha en su envase, debe deshacerse de ella. Los consumidores no quieren comprar una bolsa de botanas a las que solo les queda una semana. La carne que “caduca” en dos días no atrae a grandes cantidades de clientes. Además, muchas tiendas de alimentos solo venderán productos que cumplan con un cierto estándar estético: nada de manzanas o papas de aspecto extraño, todo con la misma forma y tamaño. En otros casos, si un fabricante cambia la etiqueta de sus paquetes de galletas, es probable que todos los paquetes antiguos se desechen para mantener la uniformidad.

Alimento Para Todos reconoce que un elemento fundamental de una alimentación digna es el acceso a productos seguros para su consumo

Cada uno de nosotros necesita repensar cómo interactuamos con los alimentos. Necesitamos comenzar a confiar en nuestros sentidos para que nos digan si los productos son comestibles. Necesitamos pedir etiquetas más claras, abogar por una mejor legislación y hablar entre nosotros sobre lo que realmente significan las etiquetas. Además, es urgente acercarnos nuevamente a la comida, pensando en ella menos como un producto de consumo empacado y más como un elemento natural que nos nutre como humanos.

Alimento Para Todos comenzó a operar hace 27 años en la central de abastos de la Ciudad de México, durante una de las crisis económicas más intensas del siglo pasado. En ese tiempo era claro que durante momentos de profunda necesidad el desperdicio de alimentos no sólo es indeseable, sino un fenómeno inaceptable y a partir de entonces trabaja recuperando alimento en buenas condiciones para consumo humano. 

la Institución reconoce que un elemento fundamental de una alimentación digna es el acceso a productos seguros para su consumo; es por ello que se involucra en la estricta selección del producto que llega a las instalaciones, con procedimientos que cumplen con las normas y leyes que regulan la operación de los bancos de alimentos en México.

Sin embargo, el día de hoy, el panorama continúa siendo un desafío. Parte de esta labor involucra continuar abordando las confusiones en torno a lo que implican las fechas en el etiquetado y abogar por un cambio en la percepción automáticamente negativa de los productos “expirados” a través de intervenciones de educación para el público en general.

Existen precedentes de esfuerzos a gran escala: en el Reino Unido se han realizado una serie de campañas con ese fin, con el eslogan “Look, Smell, Taste, Don’t Waste (Mira, huele, prueba, no desperdicies)”, en las que el gobierno se asoció con la industria para ayudar a las personas a comprender cuándo conservar su comida y cuándo tirarla. Alimento Para Todos divulga información respecto a la seguridad de los alimentos y su correcta conservación a grupos beneficiarios e instituciones de primera línea con el propósito de contribuir a la transición hacia hábitos de consumo responsables.

Alimento Para Todos, I.A.P., ha sido analizada por la Asociación Confío sobre el grado de cumplimiento de los Principios de Transparencia y Buenas Prácticas. Los resultados de su análisis pueden consultarse en confio.org.mx