Determinación colectiva: una ruta de alivio

La inseguridad alimentaria ya era un gran problema para México antes de la pandemia, sin embargo, por primera vez en la historia del país los bancos de alimentos se encuentran en el centro de una crisis de salud pública como una parte crítica de las redes de seguridad social.

Cada vez más adultos están recurriendo a los bancos de alimentos y la carrera por incrementar la capacidad de asistencia de una forma sostenible requiere del interés y la participación del resto de la sociedad.

Frente a las carencias, desigualdades y dificultades que son parte del día a día nacional, vale la pena reconocer el esfuerzo de quienes siguen haciendo funcionar estas redes de seguridad social durante los momentos más graves de esta crisis.

Si nos preguntamos: ¿qué es lo que se hace cuando ocurre un terremoto, un huracán u otro desastre natural?, es posible que recurran a nuestra memoria momentos de intensa solidaridad y cooperación. Como durante cualquier otro fenómeno que pone a prueba nuestra resiliencia colectiva y trae consigo pérdida y muertes.

Este episodio de la historia nos recuerda que existen momentos en los que el destino de las personas se hace común. Aquellos de nosotros que vivimos a diario con cautela, que mantenemos distancia uno del otro, lo hacemos no porque “los otros” constituyan una amenaza a evitar, sino porque entendemos que nuestros destinos llevan el mismo cauce que el de los demás.

Esta necesidad de contribuir en nuestras comunidades ha sido evidente desde el inicio de la pandemia. Las personas no esperan que se les ordene lo que hay que hacer: quienes pudieron hacerlo, comenzaron la cuarentena antes de que se convirtiera en una política oficial y además de la rápida respuesta de la mayor parte del sector social, también se observaron numerosas organizaciones locales o vecinales de ayuda mutua alrededor del país.

Cuando logremos dejar atrás estos días y podamos ver unos mejores habrá sido porque primero pudimos unirnos por el bienestar colectivo.

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