Los desafíos globales de sostenibilidad, como el crecimiento de la población y la escasez de recursos, impulsan a las naciones hacia una economía circular. Se trata de un enfoque que busca evitar el desperdicio y mantener el valor de los recursos, es decir, un sistema económico sostenible en el que los materiales y la energía se reutilizan, reciclan o renuevan y los desechos de una etapa de la cadena de suministro se convierten en un recurso para otro fin. Cuando los principios de la economía circular (reducir, reutilizar y reciclar) se aplican a los sistemas alimentarios, podemos reducir el desperdicio de alimentos y aliviar el hambre.
En este sentido, rescatar excedentes de alimentos aptos para consumo, y distribuirlos entre quienes padecen inseguridad alimentaria puede considerarse una forma de reutilizar los alimentos. Además, esta se concibe como una práctica humanitaria que reduce el impacto social y ambiental del desperdicio. Por lo tanto, la perspectiva social de esta redistribución, y su puesta en práctica, tiene el potencial de abarcar múltiples Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Tomando en cuenta todo lo anterior, cabe destacar que cada vez existe una mayor demanda de iniciativas capaces de abordar la paradoja del hambre en un mundo de abundancia. Los bancos de alimentos han probado ser instrumentos eficaces para afrontar esta realidad. Frente a los desafíos logísticos, las brechas en las cadenas de valor y las millones de personas que pasan hambre día con día, la economía circular se ha perfilado como una manera responsable de transformar nuestro sistema alimentario.
Este 29 de septiembre se conmemora por quinta vez consecutiva el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, y como cada año desde 2020, la fecha se presenta como una oportunidad única en el sector alimentario para reflexionar y, sobre todo, participar en la construcción de un sistema alimentario que funcione para todas las personas.
Al interior de nuestros almacenes y centros de distribución trabajamos todos los días por hacer realidad un futuro justo y sostenible. Nos esforzamos por escuchar las voces de todos los eslabones de las cadenas de valor, así como a los consumidores y a quienes frecuentemente no pueden permitirse acceder a una alimentación digna. No obstante, en un país en el que más de 8 millones de personas sufren inseguridad alimentaria grave y que ostenta el primer lugar de América Latina en desperdicio de alimentos, esta fecha sigue siendo una llamada de urgencia.
Como todos los años, y todos los días, queremos reconocer el compromiso y la labor de nuestros aliados al ser parte de la respuesta ante esta realidad inaceptable. Asimismo, hacemos un llamado no sólo a empresas y productores, sino también al sector público y a la sociedad civil para generar consciencia y reconocer que, si un día hemos de vivir en un país sin hambre, actuar ahora resulta imprescindible.