En México, como alrededor del mundo, la política de austeridad ha engendrado un doble efecto sobre las comunidades empobrecidas al perpetuar la indolencia respecto a todas las necesidades de los grupos marginados mediante el cambio de prioridades políticas y, al mismo tiempo, colocando una mayor carga de responsabilidad sobre estos mismos grupos.
En este difícil contexto, los bancos de alimentos han sido agentes vitales que asumen una parte del trabajo para cerrar las brechas en la alimentación de todas las personas, sin distinción. Además, las intervenciones de primera línea que desplegamos en diferentes comunidades pueden ayudar a las personas a negociar el impacto que la austeridad tiene en su capacidad de subsistencia y la de sus familias, empoderándolas frente a su condiciones de vida, como el ingreso y su ubicación geográfica.
La austeridad tiene una política espacial. Sus impactos no solo se desenvuelven verticalmente (entre individuos y hogares) y horizontalmente (entre diferentes grupos sociales), sino que también configuran la vida cotidiana de maneras espacialmente desiguales. En este sentido, Alimento Para Todos opera a partir de la convicción de que el acceso a la alimentación no puede estar condicionado a ninguno de los factores de desigualdad que inciden en la vida de las personas. La estrategia de la institución reconoce que la inseguridad alimentaria tiene causas profundas, arraigadas en la reproducción social, y que la transformación de nuestro sistema alimentario en uno nuevo es imprescindible para que nadie pase hambre.
Una de las actividades centrales de Alimento Para Todos esos la redistribución, pues si bien para cerrar las brechas existentes en la alimentación de unos y otros es necesario el despliegue de recursos, estos no se encuentran distribuidos de manera óptima por defecto; es por esto que frecuentemente se encuentran en peligro de ser desperdiciados.
Dicha redistribución se realiza en diferentes grados, tomando en cuenta no sólo la variedad y cantidad de alimentos rescatados, sino que una vez habiendo conformado paquetes alimentarios, estos se distribuyen de manera equitativa, con la intención de abarcar la mayor cantidad de regiones y previniendo la concentración de beneficiarios en áreas específicas.
A partir del principio de redistribución equitativa creemos que es posible afrontar las desigualdades engendradas por esquemas de centralización y acumulación de recursos. La erradicación del hambre de manera sostenible implica necesariamente un cambio de paradigma y proponer nuevas formas de incluir a todos y todas en nuestras cadenas alimentarias.
Creemos que con la colaboración de productores, comerciantes, donantes y voluntarios es posible plantear soluciones factibles y responsables a los desafíos de la austeridad, la escasez y sus implicaciones en las vidas de los más vulnerables.